jueves, 1 de mayo de 2014

Hoy

Hoy he sido detective. He conseguido los documentos que mi jefe necesitaba y he salvado el mundo varias veces. He conseguido infiltrarme en el cuartel enemigo, pasando entre las torres de vigilancia, y salir sin ser visto. He conseguido cumplir con mi misión.
Hoy he corrido, huyendo de ataques repentinos, saliendo victorioso. He logrado esconderme de las miradas que me buscaban intruso. He logrado engañar a las mentes más preparadas del mundo. He logrado cumplir con mi misión.
Hoy he evitado que saltasen las alarmas. He cruzado salas enormes sin tocar los láseres rojos. He cruzado el país y he detenido a varios delincuentes. He cruzado el límite entre lo posible y lo imposible.
Hoy he disparado, inmovilizando sin matar, con la pistola de la risa. He tenido el destino del mundo en mis manos. He tenido poder, más que nunca. He tenido tres años.
Hoy, además, he vuelto a casa para cenar.


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viernes, 18 de abril de 2014

Se fijó en...

De pronto, el lápiz que sujetaba en su mano derecha se convirtió en lo más interesante del mundo. Líneas amarillas y negras, mina gris, sin goma en el extremo. Lo mordió y comprobó que la madera se mellaba fácilmente. La punta no estaba afilada, pero no hacía falta que lo estuviese.
Iba a escribir en el papel que tenía en frente, pero, de pronto, se fijó en la goma de borrar. Una goma Milán, cuadrada, de color blanco, esquinas pulidas. Tacto suave y olor agradable.
Iba a borrar un resultado erróneo del papel que tenía en frente, pero, de pronto, se fijó en las anillas de su cuaderno. Negras, metálicas, perfectamente redondeabas. Abrazaban una y otra vez las hojas cuadriculadas, agarrándolas para que no se desperdigasen. Los dos extremos de las anillas estaban doblados, para impedir que se metan de nuevo por los agujeros de las hojas, para que no se estropease el cuaderno.
Iba a abrir el cuaderno para ver cómo se hacía el ejercicio del papel que tenía en frente, pero, de pronto, se fijó en la perfección de las líneas de su cuaderno de hojas cuadriculadas. Cuadrados perfectos, líneas delgadas, azules. Ningún cuadrado era más grande o más pequeño que ningún otro. Increíble, qué perfección. Las hojas eran todas iguales, igualmente cortadas, igualmente finas.
Iba a leer lo que había en las hojas cuadriculadas de su cuaderno pero, de pronto...


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viernes, 11 de abril de 2014

La señora de la limpieza

Descuidada, torpe e irresponsable. La señora de la limpieza, cuyo nombre pocos sabían en aquel museo, apoyó en las paredes de la esquina la fregona y el cubo con agua y amoniaco. Allí no molestaba a nadie, al menos eso creía ella.
Un momento, solo un momento fue necesario. Solo un momento necesitó para ir al cuarto de baño, interrumpiendo apenas su trabajo, pero cuando volvió... ¿cuál sería su sorpresa?
Al menos una docena de personas se reunían alrededor de la fregona, observándola distante. Algunos murmuraban, otros escuchaban. Un fotógrafo se abría paso para tomar el mejor plano y, cerca de él, un crítico hablaba de arte.
- El ángulo en que está apoyada es perfecto- decía uno.
- La sombra que se proyecta juega con las luces de forma magistral- decía otro.
Solo un momento, ese momento, fue necesario para que el descuido de la señora de la limpieza se convirtiera en arte.


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martes, 8 de abril de 2014

Sueños de grandeza

A menudo despertaba perezoso, como si la cama le agarrase para impedirle levantar. Siempre despeinado y, de vez en cuando, se quedaba toda la mañana en pijama. Se lavaba la cara nada más empezar el día, antes de desayunar. Luego levantaba la vista y se miraba en el espejo. Allí imaginaba.
En un escenario, en un plató de televisión... o simplemente en su escritorio, escribiendo la mejor novela jamás escrita. Siempre imaginaba qué quería que fuera su vida. Destacaría por su originalidad y nunca se dejaría vencer por los malos vicios del arte.
Escuchaba música y seguía pensando, imaginando. Cogía un boli, pero apenas escribía un par de líneas. Se levantaba, cogía las cartas, pero solo hacía aparecer unas pocas. Luego se daba cuenta que la mañana había acabado.
Un día, luego otro. El tiempo pasaba y el futuro llegaba. Él se daba cuenta que solo soñando no lograría nada, que tenía que empezar ya, dejar de soñar, empezar a hacer... pero no podía evitarlo.


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sábado, 22 de marzo de 2014

Recuerdos

Paseé de la mano de mis recuerdos por las calles de Madrid. Recorrí la calle Serrano, haciendo una parada necesaria; visité varios teatros, y sentí una emoción inenarrable cuando volví a entrar en el primer teatro en el que actué. Luego fui a Moncloa y cogí el autobús de siempre, el que da muchas vueltas antes de llegar a Pozuelo.
La Avenida de Europa había cambiado mucho, pero, al mismo tiempo, era la misma de siempre. Pude reconocer sin problema cada sitio donde había estado, hace muchos años, hablando con tantas personas. Pasé por delante de la iglesia, sin ignorarla, y fui a la estación.
¡Casi había olvidado lo eterno que parecen los viajes hasta El Escorial! Anduve por los pasillos de la Universidad, caminando entre los muros de piedra. Hacía muchísimo que no pasaba por allí, donde podríamos decir que empezó todo. Todavía me parecía ver a treinta alumnos con la baraja en las manos, y alguno enseñando a otro un pase de monedas. No puedo, no soy capaz de explicar la nostalgia que sentí en ese recuerdo, el que conduce los demás.
El viaje que mis recuerdos me habían preparado me llevaron por otro muchos lugares, que espero algún día poder contaros. Finalmente, acabaron las memorias y supe dónde estaba.


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miércoles, 26 de febrero de 2014

El árbol y la manzana

- No quiero caer- le dijo ella.
La manzana estaba asustada. Le parecía una caída muy grande, y sabía lo que venía después. Algún animal se la comería... o peor: algún humano. Temblaba y sudaba mientras se agarraba como podía a la rama del árbol.
- Pero debes caer- le respondió el árbol-. Si no lo haces, la semilla que hay en ti no germinará nunca, y no podrán nacer nuevas manzanas.
- ¡Me da igual! No quiero que me coman, no todavía.
La manzana no era capaz de comprender por qué la vida era así: un ciclo realmente absurdo. Ella había nacido hacía no muchos días, y ya le tocaba ver el día de su muerte. ¿Muerte? De pronto visualizó un manzano joven, muy joven, todavía en edad de crecer. Crecía y crecía, extendiendo sus ramas y haciendo brotar las hojas que le vestían con el traje más elegante. De alguna de sus ramas colgaban manzanas  que pronto comenzarían a vivir. Entonces la manzana lo comprendió.
Cayó.


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viernes, 21 de febrero de 2014

Mamá, escúchame

Mamá, perdón por haberte gritado, es que hay veces que parece que no me escuchas. Te hablo, pero no me respondes, es como si no me quisieras hacer caso. Parece que no me quieres. De verdad que yo intento hacer las cosas bien... y no sé por qué no te gusta.
Odio cuando te enfadas conmigo, es lo que más odio en el mundo. No puedo soportar oírte llorar al otro lado de la pared y que no te dejes consolar. ¿Por qué, mamá? No entiendo nada, quiero que me lo expliques... quiero que nos sentemos a hablar de madre a hijo. Quiero explicarte lo que siento cuando me echan a mí la culpa de cosas que no he hecho, cuando me llaman cosas que no soy. Lo peor es que todo el mundo se lo cree, y te mienten para engañarte a ti también.
Mamá, si me escuchas te prometo que intentaré no volver a gritarte. Te prometo que seré el mejor hijo que puedas imaginar, pero me tienes que creer mamá. Deja de escuchar a los demás, que no saben nada, no tienen ni idea. Escúchame a mí, mamá. Confía en mí.
Por favor, mamá, estoy cansado. Me duele todo, no sé cuánto tiempo más podré luchar. Escúchame, por favor. Dame una oportunidad. Sé que cuesta el cambio, pero valdrá la pena. Conóceme, déjame nacer.


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