- Creo... creo que no estoy preparado todavía.- decía tímidamente con su cara de inocencia.
- Claro que sí- le animaba quien parecía su jefe.-, te has entrenado para esto.
- Ya pero los entrenamientos eran muy distintos a lo que ahora veo.- su voz reflejaba miedo, miedo a fracasar en una misión que, según creía, no era para él.
- Ven, te enseñaré dónde estarás y quién será tu objetivo. Es importante que nunca le pierdas la pista, nunca le dejes solo y... que no te vea.
Pasearon por las calles, por los edificios, por los pasillos que recorría diariamente el individuo que sería el objetivo del recién salido de la academia. Observaron sus hábitos, sus pasatiempos, sus costumbres, su trabajo, su vida cotidiana, en definitiva, todo lo que hacía en su día a día.
El jefe miró al novato con expresión empática.
- Podrás hacerlo, confío en ti. Eres el mejor para vigilar a este hombre. Eres quien más puede ayudarle. Esta misión es para ti, quiero que seas tú.
- Si esa es tu voluntad, que así sea.
Y sin decir más, el recién estrenado ángel de la guarda batió sus alas y acompañó, guió y protegió al hombre todos los días, aunque éste no le veía.
¿Te ha gustado? ¡Suscríbete!
¿Te ha gustado? ¡Suscríbete!