domingo, 25 de agosto de 2013

viernes, 23 de agosto de 2013

Adicto al juego

Clavaba los ojos en la pantalla, esperando que aquella vez tuviera algo más de suerte. Empezó la partida y, apenas un minuto más tarde, ya había perdido. Probó de nuevo, lo mismo. Estaba ya desesperado, casi no le quedaba dinero. Su hermano, compañero en aquel lugar, lo intentó por él. Ganó.
La admiración hacia su hermano estaba más que justificada. Jugaba muy bien, siempre lo había hecho. Siempre ganaba. Los dos niños recogieron el premio y fueron juntos a canjear los tickets por chuches.


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lunes, 29 de julio de 2013

El águila y el gorrión

El águila descendió en picado al ver a su presa. El pequeño gorrión batía las alas tan rápido como podía, intentando escapar de las garras de su depredador. El águila aceleró la caída. El gorrión intentaba meterse entre zarzas. El águila estaba dispuesta a atravesarlas. El gorrión se escondió entre las ramas de un árbol. El águila se elevó varios metros y escudriñó la vista. El gorrión permaneció quieto. El águila esperó.
Al cabo de unos segundos el águila encontró al gorrión y reanudó la persecución. El gorrión despegó, evitando al águila. El águila batió sus alas con fuerza. El gorrión mantuvo el ritmo. El águila aceleró. El gorrión estaba agotado. El águila ya sabía que le iba a alcanzar. El gorrión estaba desesperado. El águila estaba cada vez más cerca. El gorrión no podía más. El águila abrió sus garras, a punto de atrapar al gorrión.
"¡Te pillé!"- gritó el águila. Ahora le tocaba pillar al gorrión.


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domingo, 28 de julio de 2013

Poema 03 - Verano

Estiras la toalla en la arena,
te echas crema y te expones al sol
(sabes que no te pondrás morena:
solamente cogerás calor).

Estiras los brazos y piernas,
para ver si así ganas color,
vuelves a echarte un poco de crema
(como si eso fuese protección).

Al fin te levantas y vas al mar,
te mojas y te vuelves a tumbar.

Vives ahora tus mejores días,
los que creías que no llegarían.

Éste es el descanso que te has ganado:
por tanto estudio mereces verano.


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lunes, 1 de julio de 2013

Deseo

El anciano se acercó a la fuente. Como todos hacían ahí, él alargó la mano y tiró la moneda. Cerró los ojos un momento, pidió su deseo y se alejó unos pasos. Se sentó en un banco que había cerca de la fuente, al lado de su compañero.
Los dos observaban en silencio. Cada uno, con cierta intriga sobre cuál había sido el deseo de su compañero, pero ninguno preguntó nada. Miraban al frente, observaban a la gente que pasaba por ahí, pero no hablaron.
Minutos después, ambos pudieron observar a un grupo de niños pequeños- debían ser familia- que se levantaban las perneras del pantalón para meterse en la fuente. En unos segundos, cogieron todas las monedas que estaban a su alcance.
- Deberías haber echado la moneda en la parte alta. Si te cogen la moneda no se cumplirá tu deseo.
El anciano tardó un rato en responder. Observaba con atención, y con cierta ternura. Al cabo de un rato dijo:
- No. Si me cogen la moneda se habrá cumplido mi deseo.


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martes, 25 de junio de 2013

Princesas

Cuando acabó la fiesta ellos continuaron bailando. Todos los invitados se habían ido, no quedaba nadie en la sala. Ni si quiera los anfitriones habían esperado para marcharse. Solo quedaban ellos dos. Él, un chico joven, ni muy apuesto ni demasiado feo; y ella, una chica soñadora que solía imaginarse las historias que le gustaría que ocurriesen.
El enorme salón en que estaban solo era acompañado por un vals, más bonito que cualquier otro. Y ambos bailaban al compás de aquella música que tiempo después recordarían como la banda sonora del mejor día de su vida.
Movían los pies con una sincronización impresionante. De vez en cuando, él la hacía girar bajo su brazo y ella giraba con una majestuosidad inenarrable. Bailaron toda la noche, y cuando amanecía, ella se marchó.
No sabían cómo iban a volver a verse. Ella no había dejado ningún zapato de cristal, y él no disponía de una guardia real para encontrarla. Pero se volverían a ver, y volverían a bailar juntos. Al fin y al cabo, eso ocurre en todas las películas de princesas, ¿no?


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domingo, 16 de junio de 2013

Su última función

Se apagaron las luces y comenzaron los aplausos mientras se levantaba el telón. Los actores entraban en escena, actuaban, bailaban, cantaban y salían. Había momentos tristes, momentos alegres... había incluso momentos que no sabía si reír o llorar.
El público no dejaba de aplaudir. Aplaudían al protagonista, a la bailarina, al niño pequeño que personificaba lo cómico de la obra, pero, sobretodo, cada uno aplaudía a quien había venido a ver. En algunos casos un hijo o un hermano, otras veces un amigo... y creo que ningún enemigo.
Tiempo después volvieron a encenderse las luces, y todos los actores salieron a saludar, cogidos de las manos. Ellos saludaban, el público se levantaba mientras aplaudía y vitoreaba. De pronto, todo quedó en silencio. Los actores se miraron unos a otros, el público murmuraba y la música había cesado. Había acabado, habían terminado su última función.


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