sábado, 26 de diciembre de 2015

La Magia de un recuerdo

Es una especie de regalo que se da en Navidad, o en cualquier época del año. Es una imagen, un sonido, una voz. Quizás tan solo una palabra. Y entonces... estás allí. Como si un genio te hubiera concedido el primero de los deseos. Aquel lugar, a principios de Mayo, aquella compañía, aquellos juegos.
Puedes verlo, puedes oírlo. Como si fuese una película grabada de forma casera y la estuvieras viendo en la televisión de tu salón. Sientes que te emocionas. De alguna forma, sabes que esos momentos no se van a repetir, pero, concediéndote el genio tu segundo deseo, sabes que hoy estás viviendo lo que, tal vez, otro día será el mejor de tus recuerdos.
Sigues recordando, sonriendo cuando tu primo aparece en tu recuerdo diez años más joven de lo que es ahora. ¡Era un enano! Y poco después, cuando llega el momento en que sabes que el recuerdo acabará y volverás al mundo real, se cumple el tercer y último deseo. Las escenas se ven ahora en blanco y negro y a cámara lenta mientras suena una canción bonita. Nunca te había gustado tanto esa canción como ahora.
Fundido a negro. Miras a tu alrededor. Todo sigue igual, no parece haber pasado nada. Sonríes. Están ahí. La gente de tu recuerdo está a tu lado. Son, parece, diez años mayores, pero siguen siendo niños.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Pequeña, diminuta

Cierras los ojos muy lentamente, como si no te atrevieras a quedarte dormida. Bostezas. Es maravilloso, sin duda, ver cómo te acomodas en mis brazos y decides que estás a gusto. No lloras, no te quejas, simplemente estás. Estás con unos primos que, tal vez, estén haciendo una vida muy diferente cuando quieras jugar con ellos.
No pesas, apenas ocupas nada, eres realmente pequeña. Coges mi dedo abrazándolo con tu mano de dedos diminutos. Si yo me muevo, tú me agarras con más fuerza.
Puede que sea un poco aburrido, no lo sé, poder únicamente comer y dormir. Espera, solo espera. En poco tiempo empezarás a andar y correr por toda la casa mientras gritas las pocas palabras que sabrás por el momento. Verás qué divertido. Cuando puedas hablar con tus hermanas y, sí, de vez en cuando pelear un poco; pero también contar algo gracioso que os ha pasado en clase. Entonces verás que la vida nunca volverá a ser aburrida, pase lo que pase.
Cuando sepas jugar, ¡ay, cuando aprendas a jugar! cuando aprendas a jugar habrás descubierto ya de qué va esto de vivir. Juega, juega hasta que no puedas más y, entonces, sigue jugando. Juega a mamás y papás, a cocineros, a saltar a la comba o dejar caer los cochecitos por la rampa. Juega al pilla-pilla, a liebre, a "juicios", al continental, al stop, a ser un espía que salva el mundo o una princesa que necesita que la salven. Juega a "ciudades" con dinero de mentira, a encontrar un objeto escondido sin que te pille el vigilante o, si eres el vigilante, no dejes que los demás lo encuentren.
Juega. Juega mucho porque, cuando crezcas, tendrás que enseñarnos a los mayores cómo se juega.




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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Artista

Gritó. En la cima de la montaña, alejado de cualquier hombre pero cerca de Dios, gritó. Le gritó a Él. En sus gritos, le pedía que le convirtiera en artista: fotógrafo, poeta, cineasta, pintor, músico, escritor, actor... cualquiera le valía.
Lloraba mientras gritaba. Lloraba porque no sabía de fotografía, pero había encontrado un paisaje precioso. Lloraba porque no sabía componer, pero había encontrado una rima perfecta. Lloraba porque no sabía rodar una película, pero había encontrado una historia maravillosa. Lloraba porque no sabía pintar, pero había encontrado el niño que le haría de modelo para pintar la cara del Niño Jesús. Lloraba porque no sabía cantar, pero tenía una voz preciosa. Lloraba porque no sabía escribir una frase que realmente transmitiera, pero sabía qué quería decir. Lloraba porque no sabía actuar, pero sabía a quién quería interpretar.
Lloraba. Lloraba solo y solo lloraba. Lloraba porque no sabía cómo hacerse entender, pero sabía quién tenía que entenderle.



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sábado, 10 de octubre de 2015

Peces en casa

Hubo peces en casa. No sé por qué, de repente decidieron comprar. Colocaron la pecera en mitad de la casa, para asegurarse de que todo el mundo la vea, supongo. Aunque había poco que ver en una pecera con agua turbia, casi blanca. Peces... no hacen nada.
Lo que comían era asqueroso, pero no era yo quien se ocupaba de que comiesen. No sé cómo se limpiaba la pecera, y tampoco me importa demasiado.
En la pecera había también una especie de piedra hueca. "Una casa para los peces", decía mi hermana. Bueno, comprendo que los peces tuvieran que esconderse de esa vida que llevaban.
No me gustaban mucho los peces. Aún así, cada vez que pasaba por delante de la pecera me paraba y pensaba: "¿No estará su familia buscándoles por todo el mar? ¡Qué difícil les va a ser llegar a Madrid!"


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lunes, 28 de septiembre de 2015

Vuelo

Jugaban a intentar adivinar qué estaban sobrevolando en cada momento. Miraban por la ventanilla, tratando de encontrar algo reconocible. En realidad, habían volado tantas veces que no les costaba mucho averiguarlo. Pasaron por encima de un océano inmenso, el gran charco. Miraban hacia abajo para ver el agua completamente quieta, como si alguien pudiera controlar que no se moviera.
El vuelo era perfecto. Tranquilo, agradable. El avión parecía apoyarse en el aire sin esfuerzo y dejar que la brisa eligiera su rumbo.
De pronto, la brisa suave se convirtió en un viento que desvió por completo la trayectoria del avión. "Por favor, abróchense los cinturones de seguridad". Las turbulencias eran cada vez más fuertes hasta que, en muy poco tiempo, el avión empezó a caer en picado.
Cayó en el charco y quedó roto, empapado. Ni siquiera había conseguido pasar la valla del jardín.



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viernes, 3 de julio de 2015

Encuentro

Y de pronto, en un momento, lo entendió todo.
Lo entendió mientras caminaba. Tenía la frente empapada de sudor y las gotas le caían arrastrándose por las patillas.
Respiraba agitado. No estaba acostumbrado a hacer ese ejercicio físico. El sol, que aparecía de repente cuando la niebla desaparecía, golpeaba fuerte, sobre todo en el cuello. No se había echado crema, no llevaba.
Caminaba más bien encorvado, a pesar de que la mochila no le pesaba demasiado. Las pendientes empinadas le iban a causar dolor de espalda.
No solía llevar bastón, y tampoco hacía demasiadas paradas. De hecho, las paradas que hacía eran cortas, muy cortas. Incluso demasiado cortas. Un día recorrió casi 30 kilómetros parando apenas unos minutos. Era lo malo de caminar entre los últimos.
Pensaba, meditaba, reflexionaba. Hablaba y al hablar descubría. No caminaba solo. La compañía le parecía la mejor. Era la mejor. Fue por eso por lo que lo entendió todo. Miró a su alrededor y dejó de pensar. Ya no se trataba de pensar. Miró a los demás. En ellos encontró lo que buscaba.



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martes, 19 de mayo de 2015

El naranjo de Inesita

De vez en cuando, Inesita se asomaba a la valla para ver el jardín de su vecino. Era un jardín enorme, majestuoso. Casi todo estaba cubierto de césped, salvo una pequeña plaza que estaba justo en mitad. La plaza era de piedra.
En medio de la plaza, dando mayor majestuosidad, un naranjo adornaba el jardín. A Inesita le encantaba ese naranjo: era realmente precioso.
Cuando fue su cumpleaños, su padre le regaló unas semillas de naranjo. Inesita las plantó y todos los días se sentaba a su lado, esperando que un día al volver del cole, se encontraría con la majestuosidad de su naranjo.
Lo regaba todos los días, e incluso le hablaba. Había oído decir que eso era bueno para que creciera fuerte. ¡Tenía tantas ganas de tener su propio naranjo! Alto, hermoso, elegante.

Algunos años con el naranjo adulto han sido suficientes para que Inesita ya no lo quiera tanto. No sabría decir si se ha aburrido de él, o si, simplemente, los naranjos no están hechos para la gente mayor. Sin embargo, el naranjo sigue siendo precioso, aunque Inesita no lo vea.

Lo olvidará, lo dejará de regar y, al final, el naranjo acabará muriendo.



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sábado, 14 de febrero de 2015

Día de cole

Cuando Pedrito se tropezó con la piedra cayó al suelo. Le sangraba la rodilla, pero no tanto como él decía. Su profesora le echó agua y le limpió la herida. Dani estaba a su lado, mirando, sin hacer nada. Dani era su mejor amigo.
Aquella vez, Pedrito no lloró. En realidad, hacía ya mucho tiempo que no lloraba. Más de una semana y media. Pedrito era el segundo más fuerte de la clase.
Cuando la profesora terminó de limpiarle la herida, Pedrito se fue con Dani a jugar al fútbol. A Dani no le gustaba mucho el fútbol, pero se le daba bien. Le encantaba jugar, era el mejor.



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viernes, 9 de enero de 2015

Con línea

A: ¿Te acuerdas cuando, de pronto, se nos olvidaba que éramos adultos?
B: No era lo único que pasábamos por alto.
A: Cierto, también olvidábamos que existía la vergüenza.
B: Pero hacíamos bien: no debería existir. Total, ¿para qué?
A: Es verdad, ¿para qué? Solo nos habría sacado de unos cuantos problemas.
B: (Ríe) Pero esos problemas... digamos que sin esos problemas la vida no tendría mucho sentido.
A: ¡Y aún así nos intentábamos librar! No teníamos ni idea que esos castigos acabarían siendo nuestros mejores recuerdos.
B: Sin duda.
A: (Ríe) Se acabó eso de intentar librarse de lo que merecemos. ¡¿Cómo se nos pudo pasar?!
B: Tú lo has dicho: nunca más. Que no se nos pase por alto nada más.
A: Me parece que siempre se nos pasa por alto lo más importante: ¿Te acuerdas cuando, de pronto, se nos olvidaba que éramos niños?



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viernes, 2 de enero de 2015

Sin línea

A: ...
B: No era lo único que pasábamos por alto.
A: ...
B: Pero hacíamos bien: no debería existir. Total, ¿para qué?
A: ...
B: (Ríe) Pero esos problemas... digamos que sin esos problemas la vida no tendría mucho sentido.
A: ...
B: Sin duda.
A: ...
B: Tú lo has dicho: nunca más. Que no se nos pase por alto nada más.
A: ...



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lunes, 15 de diciembre de 2014

Sofá para dos

A veces para llorar no se necesitan lágrimas, todos lo saben. Para llorar de alegría, tampoco. Es más bien una sensación de ensalzamiento del alma, como si pudieras sentir el cielo y saber que es real. Aunque solo sea por un momento.
Para sentir el cielo no se necesita el tacto, el gusto ni el olfato. Quizá tampoco los otros sentidos, no lo sé. Solo se necesita una princesita que te haga ver que, efectivamente, lo esencial es invisible a los ojos. Que te abra el corazón, que te cuente cosas que ya estás harto de oír, pero de otra manera. Que su forma de hablar embelese tus oídos, que su voz sea más música que la que acabas de escuchar o estés escuchando.
Si el mundo supiera quién es esa princesita que convierte media hora de espera en media hora de la forma más bella de felicidad sería un mundo mucho más pleno. ¡Ay, si el mundo conociera a mi princesita! Entonces el mundo tendría esperanza.
No sé quién puede entender lo que siento. Quién pudiera pensar que después de tanto tiempo volvería a escribir de verdad. A pesar de que, quizás, mi princesita no lea esto, quiero trazar unos torpes intentos de que entendáis quién es la princesita:


Una pequeña charla
(menos de media hora),
una niña majara
y a la vez encantadora.

Dos trenzas de oro,
una apariencia perversa
y un momento solo
la convierten en princesa.

Dime, ¿Quién eres?

Un poco de cielo,
un día de nieve,
la ilusión del invierno
cuando llegan los Reyes.

Dime, ¿Quién eres?

La belleza de un artista,
el pensamiento del más sabio,
la obra más realista
que logró hacer el mejor mago.



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jueves, 4 de diciembre de 2014

Burbuja

Escribo esta entrada con algunos días de retraso, espero que se me perdone. Quiero dedicársela a todo aquel que sienta que la entiende de verdad y, sobre todo, a todos los que la hemos vivido, riendo o llorando.

¿Cuánta gente habría? Quizá cuarenta y cinco... no creo que llegue a cincuenta. Todos mirando hacia abajo. Un papel y un boli para un ejercicio que, sin ellos saberlo, sería motivo de conversación el resto de la semana... y quién sabe cuánto más.
Más o menos diez minutos. Cuando todos acabaron entregaron los papeles. Eran cartas hacia alguien sin nombre, escritas por un tal "Anónimo". Ese Anónimo ¡cómo se desahogó!. Dos alumnos leyeron muchas de las cartas en voz alta. Anónimo no tiene pinta de tener muchos amigos. No parece quererlos.
No conoce a casi nadie, pero se atreve a juzgar a cualquiera. Apenas se sabe los nombres de la gente, pero ya sabe quién va a ser su amigo y a quién no quiere conocer. Sobre todo a quién no quiere conocer. Eso parece tenerlo clarísimo.
Anónimo acaba de empezar la universidad: solo le quedan cuatro años antes de que su burbuja rompa y el mundo descubra su nombre.



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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Memorias poco recordadas

Esta entrada está dedicada a quien la ha provocado. Es una persona, a la vez que un momento, un recuerdo y, probablemente, mil casualidades. Es una de esas cosas que ocurren de vez en cuando e inspiran a cualquier escritor. Es de esas cosas que, cuando ocurren, sabes que la Magia existe y no quieres que acabe nunca.


Todo quedó en un recuerdo que se recuerda poco. Hoy todo es una imagen difusa en mi mente, ni siquiera en mi memoria.
Acabo de recordar un poco más. He podido revivir parte de aquellos años de preescolar, aquellos años que el olvido casi había acabado de hacerlos desaparecer, como si nunca hubieran existido. Quisiera recordar más, me gustaría recordarte mejor.
Apenas puedo recordar el patio de arena. Hacer "polvis" sabiendo que la arena fina era lo más valioso que había en el recreo.
Apenas puedo recordar una rodilla sangrando tras romper el cristal de una puerta porque el niño necesitaba urgentemente entrar en el baño.
Apenas puedo recordar las clases de gimnasia, hacer "esquipi" (creo que queríamos decir skipping) con las manos en la cintura y al ritmo de la música. Tampoco las obras de Navidad, los disfraces de soldadito o... ¿Robin Hood?
Apenas puedo recordar si nos gustaba ver Magic English, los ratos de la siesta, los picados. Lo que sí recuerdo perfectamente era lo mala que estaba la leche de la merienda (¿Leche sin chocolate a un niño de preescolar?).
Apenas puedo recordar el profe de deporte gritando "¡ganan los chicos!" o "¡ganan las chicas!" tras la carrera que teníamos que correr antes de empezar la clase.
Lo intento, pero no puedo. No recuerdo el sabor del membrillo, ni la alegría al ver amarillos en las notas (cuando tocaba verlos). No recuerdo lo mayor que me sentí cuando dejamos de usar los lápices de colores para usar el lápiz de mayores, ni los Belenes de plastilina, ni las infinitas cartillas que leíamos tartamudeando.
Me gustaría recordarlo, poder revivirlo todo. Hoy he estado un poco más cerca de la juventud eterna, un poco más cerca de volver a tener 4 años. Poco a poco, lo iremos consiguiendo.

Por primera vez, voy a añadir algo de multimedia en el blog. Es una canción del disco que día tras día escuchábamos al ir al colegio (¡vivan las hermanas mayores!). Espero que te ayude a retroceder en el tiempo y volverte a preocupar por no salirte de las líneas.




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lunes, 27 de octubre de 2014

Cumples

Esta mañana, mientras desayunaba, se me ha acercado mi hija pequeña. Tenía una galleta de chocolate en la mano, pero no le dio ni un mordisco. Se ha sentado en una silla que estaba sin ocupar, al lado de la mía. Arrimándose a mí, ha apoyado todo su peso sobre la mesa. Luego ha hablado bajo, como si no quisiera que le escuchase nadie más que yo. Estaba preocupada.
"Papá, yo no entiendo una cosa. A ver, el primo Talo tenía 8 años la semana pasada y de repente ha cumplido 12. A Mito le ha "pasao" lo mismo. A la hermana de Pao creo que también. ¿Qué pasa? Cuando  yo tenga 8, ¿luego cumpliré 12? Pero yo quiero cumplir 9, y luego 10 y 11. ¿Por qué ellos se saltan todos esos cumples? ¿Eso se puede elegir o es obligatorio?
Yo no me quiero saltar ningún cumple, yo quiero todos los regalos y todas las tartas. Yo quiero ir al cine el día de mi cumple, y hacer una fiesta con todas mis amigas. El año que viene voy a querer otra fiesta, y el siguiente, otra. ¿Por qué ellos se saltan tantos cumples?"
No he sabido qué responder.



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domingo, 28 de septiembre de 2014

Viaje a Pozuelo

En esta entrada pretendo homenajear a Camilo José Cela, por su libro "Viaje a la Alcarria", que he leído hace poco. Quien haya leído el libro verá desde la primera frase la influencia que tiene en este microrrelato.
Por otra parte, escribo esto porque acabo de entender que el protagonista no es el viajero. Quiero dedicar la entrada a la verdadera protagonista de esta historia.

El viajero sube al autobús. Está bastante lleno, pero aún quedan sitios. Se sienta atrás, como siempre. El viajero se siente cansado, lleva dos días intensos. Delante del viajero hay una chica que el viajero no conoce. Tampoco puede adivinar su edad. El viajero habla con ella durante el viaje.
El autobús avanza y hace las paradas oportunas. De vez en cuando alguien que entra se sienta cerca de ellos. El viajero sigue hablando con la viajante.
La viajante le cuenta mil cosas. Es bailarina. Practica ballet seis horas diarias y quiere dedicarse a ello. Dice que se irá de España. En España el baile, y el arte en general, no está valorado. La gente no tiene cultura para apreciar el arte.
El viajero tiene sueño. El viajero tiene que hacer esfuerzos para mantener los ojos abiertos. Aún así, el viajero disfruta la conversación. El viajero piensa que es una maravilla poder hablar con quien no conoce sin que a nadie resulte extraño.
Hablan más tiempo. Se cuentan muchas cosas. Al viajero le parece que el viaje es demasiado corto. Pronto llegan a Pozuelo. La viajante se despide y baja del autobús. El viajero espera volver a verla en algún otro viaje. Los viajeros y viajantes suelen coincidir en muchos viajes sin tener que planearlo.



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lunes, 22 de septiembre de 2014

El mago

Despertó temprano, como siempre. Abrió los ojos y se incorporó sobre la cama. La luz ya entraba por la ventana, anunciando un nuevo día, un nuevo día de trabajo. Se frotó los ojos y se levantó. Tenía que empezar a ensayar.
En una esquina, sobre una mesa pequeña, estaba la jaula con las palomas. Un poco más allá, en el perchero, el frac.
El mago, después de asearse, se puso el frac y comenzó a ensayar. Puso música, imaginó el escenario y el público y actuó para ellos. Aparecía con un bastón, que rápidamente se convertía en dos pañuelos blancos. Los pañuelos los aprovechaba para hacer aparecer la primera paloma.
Por una parte, aquel era el sueño de su vida. Estaba ahí para llegar a ser un gran mago, ¿quién sabe? quizás el mejor. Por otra parte... echaba de menos tantas cosas. Le resultaba duro estar tan lejos de su casa, de su familia.
Siguió ensayando. Aunque era duro, todo aquello merecía la pena. Hizo aparecer una segunda y tercera paloma, y luego ensayó una rutina de cartas.
Aquellos trucos, delante de un público, se convertirían en magia.



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lunes, 15 de septiembre de 2014

(¡quizá millones!)

Había una vez... digo, ¡muchas veces! Había cientos de miles de personas (¡quizá millones!) que estaban hartos de las promesas incumplidas. Estaban hartos de esos actores que salen en televisión, se pelean un rato y luego van a casa a descansar. Estaban hartos de ser manipulados y no hacer nada, y por eso, aquella vez sí que hicieron algo.
Y es normal, llegó el momento en que esas personas se dieron cuenta de que estaban siendo insultadas públicamente. Y no se quedaron de brazos cruzados, ¡oh! ya lo creo que no. Otras veces sí que habían pasado del tema, se habían quedado en casa y habían esperado. Esta vez no.
Fue algo que se quedará en "la historia de la Historia" para siempre. Cientos de miles de personas (¡quizá millones!) se levantaron contra los que llevaban los hilos, hablando su idioma. Hartos de tanta mentira, ellos hicieron una promesa que sí pensaban cumplir. ¡Claro que la iban a cumplir!
Salieron a la calle con pancartas, por un mundo mejor. Había alegría, pero era una alegría distinta. No porque la situación fuera buena, sino porque podía mejorar. Se oían gritos de alegría, gritos de esperanza y, ¡¿quién lo iba a decir?! los actores que llevaban el país los escucharon. Evidentemente, lo que estos actores oyeron no les gustó. No les gustó porque, quizás por primera vez en mucho tiempo, tenían que responder. Algo tenían que hacer ante el grito que oían y las pancartas que veían. Cientos de miles de personas (¡quizá millones!) pensaban, decían y gritaban al unísono:

¡Si no se deroga la ley, que no cuenten con mi voto!


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martes, 9 de septiembre de 2014

Poemas rotos

El boli deja de escribir, aún con tinta. Repasa los versos, tacha, reescribe. Lee, escucha. Comprueba las rimas y deja solo unas pocas. La mitad de los versos no terminan de convencerle, la otra mitad ni siquiera empieza. No hay forma de corregir aquello, es un desastre.
Coge la hoja, la mira una última vez y la rompe. La rompe en dos, en cuatro, en ocho. Un puzle sin resolver, un poema. Arrastra los papeles por encima de la mesa y los deja caer. Planean, poco a poco los versos van desapareciendo.
Una papelera llena. Cientos, quizá miles, de versos que nadie leerá. Odios, pasiones, admiraciones, amores, recuerdos que solo la papelera conoce. Un poeta desesperado.
Saca un folio nuevo. Lo mira. Lo mira mucho rato antes de ponerse a escribir. No hay muchas batallas más difíciles que esa. Ni siquiera sabe si ese poema lo terminará, o si acabará reuniéndose con el resto. Aún así escribe. Escribe con la inspiración de mil noches de trabajo, con la esperanza de que ese papel no quepa en la papelera.
Está harto de romper sus poemas, pero sigue buscando un poema digno. Uno, solo uno, hará que haya merecido la pena. Un buen poema, uno y no más, justificará una papelera llena y mil noches de trabajo.


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sábado, 23 de agosto de 2014

Juego de niños

Como si fuéramos niños, pero pasándonoslo todavía mejor. Diez, doce, quince personas... ¡Qué más da! Mejor cuantos más seamos. Andamos, nos escondemos, nos encuentran, corremos. Corremos por delante de esos espectros oscuros. Unos tiran, otros son tirados.
Es imposible encontrar lo que buscamos, pero seguimos en ello. Estamos cansados. Primero cae el pequeño guerrero, se levanta y sigue corriendo. Nos han vuelto a encontrar, corremos. Hierba, piedra, asfalto. Ahora cae la guerrera. Quiere seguir corriendo, pero los espectros nos alcanzan.
Tras pasar a limpiarle la herida a la pequeña guerrera, nos vemos en la cárcel. Ahí esperamos. Los espectros no vigilan, pero no podemos escapar. Sería trampa. Esperamos a que nos rescaten.
Llegan nuestros aliados, abren la cárcel y salimos corriendo. Los espectros nos han visto, pero todavía están lejos. Podemos escapar. Corremos, corremos todo lo que podemos. Cuando nos pierden de vista nos escondemos. Los guerreros están cansados, no pueden correr más. ¿Yo? Yo más que ellos. Esperamos a que nos pasen y salimos de nuestro escondite.
Tenemos que darnos prisa, el tiempo se acaba. Si no encontramos lo que buscamos antes de las doce habremos perdido. Ahora los guerreros tiran de mí. Pequeños guerreros que nunca se cansan.


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jueves, 24 de julio de 2014

El escritor de cuentos

Escribe para ti. Quiere que le leas, que le escuches. Tiene muchas cosas que contarte, pero muy poco tiempo. Historias, descripciones, sentimientos, miedos, alegrías. Inventa un personaje para contarlo todo, pero, de alguna forma, ese personaje ya existía.
Ha llenado todo su escritorio con Post-its llenos de ideas. Muchas de esas ideas se acabarán descartando, otras, incluso, ni se leerán. Pero a él no le importa, a él le vale con que un solo cuento, una historia, un personaje... una sola idea te guste, te llegue, te identifique. Sabe perfectamente que es imposible gustar a todos. No quiere gustar a todos, te quiere gustar a ti. Para que tú, leyendo, te transportes, te olvides... vivas.
Se suele desesperar frente a papeles en blanco, pero acaba garabateando alguna idea, normalmente inservible.
Le gusta usar siempre el mismo boli. Le fascina ver como cada día tiene menos tinta. Es de las pocas personas que sabe que el boli BIC puede llegar a acabarse. "Acabar un boli BIC significa ser mejor escritor", dice.
Sigue buscando un tema, una imagen que alguien quiera leer. Mientras busca, escribe, esperando pacientemente que la inspiración le llegue con un folio en frente.


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