lunes, 1 de abril de 2013

Como todos los días

- 3, 2, 1... ¡ya!
Abrió la puerta. La habitación estaba llena de globos de diversos colores, y el suelo cubierto de regalos enormes envueltos en papel brillante.
Como todos los días, el niño corrió hacia el que le pareció más grande. Empezó a desenvolverlo, pero antes de terminar ya había empezado a abrir otro. Sin saber siquiera cuál era el regalo, pasó a abrir otro distinto. Y así, en menos de cinco minutos, todos los regalos estaban abiertos, y los papeles que los habían envuelto estaban arrugados y amontonados en una esquina.
Luego se acordó y empezó a jugar con los globos. Estaba lleno de euforia, y corría de un lado a otro de la habitación. Sin embargo, cuando estaba abrazando un globo de color violeta, se asustó enormemente.
El estallido le despertó. Rápidamente se levantó y corrió hacia la habitación de sus padres.
- ¡Vamos, vamos! ¡ Despertaos ya!- decía entusiasmado.
- Pero hijo mío...- respondió su madre- ¿otra vez?
Bajaron corriendo las escaleras y el niño abrió la puerta del salón, sin esperar la cuenta atrás de su padre. Ahí estaban los regalos, como todos los días. Comenzó a desenvolverlos, lleno de ilusión. Luego se acordó y empezó a jugar con los globos. Abrazó con fuerza uno color violeta. Lo apretó tan fuerte como pudo y, cuando estalló, comenzó a reír lleno de ilusión. Por fin había llegado el día esperado. Ya no iba a despertar.


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1 comentario:

  1. Gracias una vez más por dejarnos disfrutar con lo que escribes!

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