viernes, 9 de enero de 2015

Con línea

A: ¿Te acuerdas cuando, de pronto, se nos olvidaba que éramos adultos?
B: No era lo único que pasábamos por alto.
A: Cierto, también olvidábamos que existía la vergüenza.
B: Pero hacíamos bien: no debería existir. Total, ¿para qué?
A: Es verdad, ¿para qué? Solo nos habría sacado de unos cuantos problemas.
B: (Ríe) Pero esos problemas... digamos que sin esos problemas la vida no tendría mucho sentido.
A: ¡Y aún así nos intentábamos librar! No teníamos ni idea que esos castigos acabarían siendo nuestros mejores recuerdos.
B: Sin duda.
A: (Ríe) Se acabó eso de intentar librarse de lo que merecemos. ¡¿Cómo se nos pudo pasar?!
B: Tú lo has dicho: nunca más. Que no se nos pase por alto nada más.
A: Me parece que siempre se nos pasa por alto lo más importante: ¿Te acuerdas cuando, de pronto, se nos olvidaba que éramos niños?



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viernes, 2 de enero de 2015

Sin línea

A: ...
B: No era lo único que pasábamos por alto.
A: ...
B: Pero hacíamos bien: no debería existir. Total, ¿para qué?
A: ...
B: (Ríe) Pero esos problemas... digamos que sin esos problemas la vida no tendría mucho sentido.
A: ...
B: Sin duda.
A: ...
B: Tú lo has dicho: nunca más. Que no se nos pase por alto nada más.
A: ...



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lunes, 15 de diciembre de 2014

Sofá para dos

A veces para llorar no se necesitan lágrimas, todos lo saben. Para llorar de alegría, tampoco. Es más bien una sensación de ensalzamiento del alma, como si pudieras sentir el cielo y saber que es real. Aunque solo sea por un momento.
Para sentir el cielo no se necesita el tacto, el gusto ni el olfato. Quizá tampoco los otros sentidos, no lo sé. Solo se necesita una princesita que te haga ver que, efectivamente, lo esencial es invisible a los ojos. Que te abra el corazón, que te cuente cosas que ya estás harto de oír, pero de otra manera. Que su forma de hablar embelese tus oídos, que su voz sea más música que la que acabas de escuchar o estés escuchando.
Si el mundo supiera quién es esa princesita que convierte media hora de espera en media hora de la forma más bella de felicidad sería un mundo mucho más pleno. ¡Ay, si el mundo conociera a mi princesita! Entonces el mundo tendría esperanza.
No sé quién puede entender lo que siento. Quién pudiera pensar que después de tanto tiempo volvería a escribir de verdad. A pesar de que, quizás, mi princesita no lea esto, quiero trazar unos torpes intentos de que entendáis quién es la princesita:


Una pequeña charla
(menos de media hora),
una niña majara
y a la vez encantadora.

Dos trenzas de oro,
una apariencia perversa
y un momento solo
la convierten en princesa.

Dime, ¿Quién eres?

Un poco de cielo,
un día de nieve,
la ilusión del invierno
cuando llegan los Reyes.

Dime, ¿Quién eres?

La belleza de un artista,
el pensamiento del más sabio,
la obra más realista
que logró hacer el mejor mago.



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jueves, 4 de diciembre de 2014

Burbuja

Escribo esta entrada con algunos días de retraso, espero que se me perdone. Quiero dedicársela a todo aquel que sienta que la entiende de verdad y, sobre todo, a todos los que la hemos vivido, riendo o llorando.

¿Cuánta gente habría? Quizá cuarenta y cinco... no creo que llegue a cincuenta. Todos mirando hacia abajo. Un papel y un boli para un ejercicio que, sin ellos saberlo, sería motivo de conversación el resto de la semana... y quién sabe cuánto más.
Más o menos diez minutos. Cuando todos acabaron entregaron los papeles. Eran cartas hacia alguien sin nombre, escritas por un tal "Anónimo". Ese Anónimo ¡cómo se desahogó!. Dos alumnos leyeron muchas de las cartas en voz alta. Anónimo no tiene pinta de tener muchos amigos. No parece quererlos.
No conoce a casi nadie, pero se atreve a juzgar a cualquiera. Apenas se sabe los nombres de la gente, pero ya sabe quién va a ser su amigo y a quién no quiere conocer. Sobre todo a quién no quiere conocer. Eso parece tenerlo clarísimo.
Anónimo acaba de empezar la universidad: solo le quedan cuatro años antes de que su burbuja rompa y el mundo descubra su nombre.



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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Memorias poco recordadas

Esta entrada está dedicada a quien la ha provocado. Es una persona, a la vez que un momento, un recuerdo y, probablemente, mil casualidades. Es una de esas cosas que ocurren de vez en cuando e inspiran a cualquier escritor. Es de esas cosas que, cuando ocurren, sabes que la Magia existe y no quieres que acabe nunca.


Todo quedó en un recuerdo que se recuerda poco. Hoy todo es una imagen difusa en mi mente, ni siquiera en mi memoria.
Acabo de recordar un poco más. He podido revivir parte de aquellos años de preescolar, aquellos años que el olvido casi había acabado de hacerlos desaparecer, como si nunca hubieran existido. Quisiera recordar más, me gustaría recordarte mejor.
Apenas puedo recordar el patio de arena. Hacer "polvis" sabiendo que la arena fina era lo más valioso que había en el recreo.
Apenas puedo recordar una rodilla sangrando tras romper el cristal de una puerta porque el niño necesitaba urgentemente entrar en el baño.
Apenas puedo recordar las clases de gimnasia, hacer "esquipi" (creo que queríamos decir skipping) con las manos en la cintura y al ritmo de la música. Tampoco las obras de Navidad, los disfraces de soldadito o... ¿Robin Hood?
Apenas puedo recordar si nos gustaba ver Magic English, los ratos de la siesta, los picados. Lo que sí recuerdo perfectamente era lo mala que estaba la leche de la merienda (¿Leche sin chocolate a un niño de preescolar?).
Apenas puedo recordar el profe de deporte gritando "¡ganan los chicos!" o "¡ganan las chicas!" tras la carrera que teníamos que correr antes de empezar la clase.
Lo intento, pero no puedo. No recuerdo el sabor del membrillo, ni la alegría al ver amarillos en las notas (cuando tocaba verlos). No recuerdo lo mayor que me sentí cuando dejamos de usar los lápices de colores para usar el lápiz de mayores, ni los Belenes de plastilina, ni las infinitas cartillas que leíamos tartamudeando.
Me gustaría recordarlo, poder revivirlo todo. Hoy he estado un poco más cerca de la juventud eterna, un poco más cerca de volver a tener 4 años. Poco a poco, lo iremos consiguiendo.

Por primera vez, voy a añadir algo de multimedia en el blog. Es una canción del disco que día tras día escuchábamos al ir al colegio (¡vivan las hermanas mayores!). Espero que te ayude a retroceder en el tiempo y volverte a preocupar por no salirte de las líneas.




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lunes, 27 de octubre de 2014

Cumples

Esta mañana, mientras desayunaba, se me ha acercado mi hija pequeña. Tenía una galleta de chocolate en la mano, pero no le dio ni un mordisco. Se ha sentado en una silla que estaba sin ocupar, al lado de la mía. Arrimándose a mí, ha apoyado todo su peso sobre la mesa. Luego ha hablado bajo, como si no quisiera que le escuchase nadie más que yo. Estaba preocupada.
"Papá, yo no entiendo una cosa. A ver, el primo Talo tenía 8 años la semana pasada y de repente ha cumplido 12. A Mito le ha "pasao" lo mismo. A la hermana de Pao creo que también. ¿Qué pasa? Cuando  yo tenga 8, ¿luego cumpliré 12? Pero yo quiero cumplir 9, y luego 10 y 11. ¿Por qué ellos se saltan todos esos cumples? ¿Eso se puede elegir o es obligatorio?
Yo no me quiero saltar ningún cumple, yo quiero todos los regalos y todas las tartas. Yo quiero ir al cine el día de mi cumple, y hacer una fiesta con todas mis amigas. El año que viene voy a querer otra fiesta, y el siguiente, otra. ¿Por qué ellos se saltan tantos cumples?"
No he sabido qué responder.



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domingo, 28 de septiembre de 2014

Viaje a Pozuelo

En esta entrada pretendo homenajear a Camilo José Cela, por su libro "Viaje a la Alcarria", que he leído hace poco. Quien haya leído el libro verá desde la primera frase la influencia que tiene en este microrrelato.
Por otra parte, escribo esto porque acabo de entender que el protagonista no es el viajero. Quiero dedicar la entrada a la verdadera protagonista de esta historia.

El viajero sube al autobús. Está bastante lleno, pero aún quedan sitios. Se sienta atrás, como siempre. El viajero se siente cansado, lleva dos días intensos. Delante del viajero hay una chica que el viajero no conoce. Tampoco puede adivinar su edad. El viajero habla con ella durante el viaje.
El autobús avanza y hace las paradas oportunas. De vez en cuando alguien que entra se sienta cerca de ellos. El viajero sigue hablando con la viajante.
La viajante le cuenta mil cosas. Es bailarina. Practica ballet seis horas diarias y quiere dedicarse a ello. Dice que se irá de España. En España el baile, y el arte en general, no está valorado. La gente no tiene cultura para apreciar el arte.
El viajero tiene sueño. El viajero tiene que hacer esfuerzos para mantener los ojos abiertos. Aún así, el viajero disfruta la conversación. El viajero piensa que es una maravilla poder hablar con quien no conoce sin que a nadie resulte extraño.
Hablan más tiempo. Se cuentan muchas cosas. Al viajero le parece que el viaje es demasiado corto. Pronto llegan a Pozuelo. La viajante se despide y baja del autobús. El viajero espera volver a verla en algún otro viaje. Los viajeros y viajantes suelen coincidir en muchos viajes sin tener que planearlo.



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